domingo, 17 de marzo de 2013

Abel Bonnard


Durante la posguerra europea ocurrieron cosas terribles, y una de ellas fue que los europeos fuimos condenados a la amnesia cultural. Aun antes de finalizada la guerra comenzó una caza de brujas a una escala sin precedentes en la historia, cientos de intelectuales fueron perseguidos y miles de obras fueron condenadas al ostracismo o destruidas junto con sus autores.

Decía Menéndez Pelayo que "Un pueblo viejo no puede renunciar a la cultura intelectual sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia, muy próxima a la imbecilidad". No sería exacto decir que los europeos renunciáramos a una parte de nuestro pasado cultural, sencillamente nos lo robaron: las fuerzas de ocupación que decían liberar Europa junto con los marxistas, llevaron a cabo una de las mayores purgas culturales de la historia de la humanidad e ideas hombres y obras fueron proscritos. A pesar de ello, si buscamos "purga política" en la wikipedia, ni siquiera será mencionada, y ni un renglón al respecto aparece en los libros de nuestros estudiantes... En la conciencia colectiva europea es algo que sencillamente nunca ocurrió. ¡Bienvenidos al mundo de Orwell! Hoy, una vez más me propongo rescatar del olvido a uno de esos genios condenados al ostracismo por la peligrosa incorrección de su pensamiento político.

Hoy me gustaría presentarles a Abel Bonnard. Nació en 1883 en Poitiers y murió en el exilio en 1968 en la ciudad de Madrid. Hijo de Ernest y Pauline Benielli, Bonnard estudió en el Liceo Thiers en Marsella, luego en el Liceo Louis-le-Grand en París. Después de haber obtenido una Licenciatura en Artes, se convirtió en un estudiante de la École du Louvre, y miembro de la Escuela Francesa de Roma.

Su temprana entrada en el mundo de las letras se produjo por la puerta grande, cuando en 1906, con tan sólo 22 años, publica su colección de poemas "Los familiares", obra que fue premiada por la Academia Francesa con el Gran Premio Nacional de Poesía, Academia de la que llegaría a ser miembro en 1932. Su obra es extensa y abarca poesía, novela, narraciones de viajes, teatro y por supuesto ensayo político. Bonnard era recibido en los salones literarios de París como un nuevo Voltaire, su genio indiscutible y su cultura incomparable hicieron de él "el conferenciante más aplaudido, el huésped mas buscado por los principales académicos" tal y como recordaba un artículo del diario ABC del 8 de junio de 1968 publicado con motivo de su fallecimiento.

Muchos son los grandes hombres de la época que expresaron su admiración por Bonnard: Paul Morand, Robert Brasillach, Ernst Jünger, Arno Breker... ¿Cuál es el motivo por el que sus obras han desaparecido de los catálogos literarios, de las estanterías de las bibliotecas, de los libros de texto? ¿Cuál es el motivo por el que uno de los más grandes escritores en lengua francesa del siglo XX ha sido literalmente borrado de la historia y siendo sus obras imposibles de encontrar?

Abbel Bonnard por Arno Breker

La única razón por la que fue perseguido es su incorrección política. Ya a partir de 1925 Bonnard empieza a ser conocido en los círculos políticos nacionalistas, su pensamiento político es nacionalista, anti parlamentarista y antisemita. Firmó diversos manifiestos como el Manifiesto por la defensa de Occidente y la paz en Europa, un manifiesto de apoyo a Mussolini durante la invasión de Etiopía y otro de apoyo a Franco tras el bombardeo de Guernica. Más adelante se unió al Partido Popular francés de Jacques Doriot.

Su principal obra política posiblemente fue “Los moderados”, editada en 1936. Como muestra del prestigio e influencia del autor entre los intelectuales de la época, no solo en Francia sino en buena parte de Europa, recordemos que ésta fue precisamente la última obra leída por Ramiro de Maeztu estando este ya en prisión y a la espera de su ejecución por parte de las fuerzas republicanas. En el ejemplar de la obra, Maeztu dejó algunas anotaciones de su puño y letra, una de estas anotaciones reza así "Los liberales quieren debate porque el combate los excluye".

En esta obra Bonnard hace una crítica acerada de los moderados. Inspirado también en este libro el periodista José Javier Esparza escribió un brillante artículo en el que decía:

Así como el equidistante ha sido educado en la convicción de que todas las convicciones son relativas, el moderadito ha sido moldeado en la falta de convicciones, más aún, en el terror a cualquier convicción. Todo aquello que suene a certidumbre, a rigor, a posición inequívoca, el moderadito lo considera radical, extremista, agresivo. Su terreno es más bien el de la prudencia patológica, el del apaciguamiento instintivo. En el poder, el moderadito tiende a cederlo todo a la oposición. En la oposición, el moderadito tiende a cederlo todo al poder. Por eso el moderadito es una catástrofe para cualquier proyecto político, por eso camina hacia la catástrofe cualquier proyecto político que se apoya en moderaditos.

Como la vida pública, que es confrontación, le inspira un pavor invencible, el moderadito tiende a refugiarse en la técnica y, especialmente, en la técnica jurídica y administrativa. Así, si hay que defender, por ejemplo, la proscripción del aborto libre, el moderadito nunca enunciará el derecho a la vida, que es una cosa como muy radical, sino que se parapetará tras una confortable barricada de reglamentos jurídicos y protocolos sanitarios, y se quedará ahí oculto hasta que pase el chaparrón. Quizá consiga su propósito, pero, al final del combate, el argumento de convicción habrá quedado sepultado, más aún, habrá quedado desterrado –el enemigo, pues, habrá vencido. El moderadito habrá evitado la confrontación; lo que no evitará, a medio plazo, será el aborto libre.

Así como el equidistante es un espécimen que se da por igual en la derecha que en la izquierda, el moderadito es un espécimen típico de la derecha. En la izquierda rara vez hay moderaditos: es un temperamento poco compatible con el sectarismo de la convicción, rasgo característico de la izquierda española en particular. Pero en la derecha es otra cosa: sistemáticamente flagelada durante treinta años (o más) con el estigma de los peores vicios, exudando mala conciencia por todos sus poros, la derecha es terreno abonado para que surjan moderaditos por doquier; gentes que piensan que, con esa actitud, serán más presentables, más amables, más "queridos". Es que, en el fondo, el problema del moderadito es sentimental: necesita que le quieran. Pero la política no se creó para hacer amigos”.

Bonnard, sin duda, debió compartir la opinión de que en política no se entra para hacer amigos. Bajo la ocupación, Abel Bonnard se mostró incluso más proalemán que promariscal: apoyó iniciativas como la creación de la Legión de Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo, y fue autor de numerosos editoriales en el diario “Je suis partout” dirigido por Robert Brasillach. En abril de 1942 fue llamado a Vichy por Laval, quien le nombró Ministro de Educación y Juventud.

Con estos antecedentes, lógicamente, fue incluido en las listas negras que elaboró la Comisión Nacional de Escritores para "la purificación" del mundo literario e intelectual en Francia. En 1944 Bonnard se refugió en España, donde se le concedió asilo político. Bonnard fue sentenciado a muerte en ausencia el cuatro 4 de julio de 1945. Su condena a la degradación nacional provoca su exclusión de la Academia Francesa pero los académicos, como muestra de respeto, no le reemplazaron y su silla permaneció vacía hasta su fallecimiento, algo que en toda la historia de la Academia sólo se hizo con el propio Bonnadr y con Abel Hermant.

En 1960 regresó a Francia, donde fue juzgado por el Tribunal Supremo, que lo condenó a diez años de destierro, con efecto a partir de 1945, la pena por lo tanto se consideraba ya cumplida, pero Bonnard no se mostró conforme con la sentencia, pues aunque la pena se consideraba cumplida el veredicto era de culpabilidad, algo que sin duda entrañaba una condena moral que no estaba dispuesto a aceptar. Regresó a Madrid no volviendo nunca a pisar suelo francés y pasó sus últimos años en el madrileño barrio de Prosperidad, donde podía vérsele salir o entrar en casa para pasear por el barrio vestido siempre con un academicismo excéntrico ya para la época: trajes oscuros con chaleco, corbata, pañuelo de adorno en el bolsillo, sombrero, lentes eruditos, y algún que otro detalle en esa línea de discreción clásica. Murió "solo y abandonado" con 84 años. Sus libros y registros, que podrían haber sido muy útiles para los historiadores, se dispersaron.

Tan cultivado como los más grandes del siglo XVIII y no menos lúcido, un sólo gesto de arrepentimiento lo habría restaurado en su trono literario de Paris, pero escogió vivir en una modesta pensión del barrio de Prosperidad. Cuando Bonnard tuvo que escoger entre los laureles del éxito o su dignidad escogió esta última, y lo hizo con la entereza de un hombre al que las contrariedades lo habían enriquecido en serenidad.

Tumba de Abel Bonnard

Falleció el 31 de mayo de 1968, en el hospital Jiménez Díaz de la Concepción, en la ciudad de Madrid. Descanse en paz.
"Abel Bonnard encarna de manera excelente una especie de espiritualidad positivista que está extinguiéndose". Ernst Jünger