La herencia humana no se continuaba porque uno se hiciera oir, sino por el hecho de permanecer cuerdo. Volvió a la mesa, mojó en tinta su pluma y escribió:
Para el futuro o para el pasado, para la época en la que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios... Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser deshecho.
George Orwell (1984)
Es indiscutible que tras lo ocurrido en Haití lo primero que se debe hacer es ayudar a la población e intentar restablecer los servicios básicos a la mayor brevedad posible. Se ha producido una emergencia humanitaria de proporciones bíblicas y debemos estar a la altura de las circunstancias.
Pero una vez hecho esto, quizás sería buen momento para replantearnos la forma en que los países desarrollados estamos ayudando a países como Haití, y cuáles son los motivos por los que después de décadas de ayudas a gran escala (el 60% del presupuesto nacional de Haití procede de la ayuda internacional y en julio de 2009 el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional cancelaron 1.200 millones de dólares de la deuda de Haití, el 80% del total) no se ha conseguido prácticamente nada.
Y no me refiero a plantear pequeños ajustes, sino a replantear totalmente un modelo que se ha demostrado tan costoso como ineficaz. En estos días no he podido evitar recordar las polémicas declaraciones de algunos ilustres científicos hechas en los últimos años.
El Profesor emérito Tatu Vanhanen, catedrático de la Universidad de Tampere y padre del primer ministro de Finlandia, Matti Vanhanen, que en 2007 puso relación el cociente intelectual con el grado de desarrollo social: “La pobreza de África no es culpa del hombre blanco -sostiene Vanhanen-. Mientras el cociente intelectual de los finlandeses es de 97, en África oscila entre 60 y 70”.
Según este catedrático la diferencia en inteligencia es el factor determinante que explica la pobreza. El 22 de julio de 2007 publica en el diario Helsingin Sanomat que “No sería mala idea que los europeos, americanos y asiáticos ocuparan puestos económicos importantes en los países africanos. Sólo ellos son capaces de crear prosperidad. La evolución ha hecho que los europeos seamos más inteligentes que los africanos”.
El profesor en psicología Philippe Rushton, de la Universidad de Ontario del Oeste, ha revisado más de cien estudios sobre CI realizados en el último siglo y se ha desplazado hasta África para verificar los resultados. Tras un concienzudo estudio sostiene que el CI medio de los negros en África es 70 mientras que el de los blancos del Norte de África llega a 100. “Con un 70 un africano medio es como un niño de doce años”, dice el profesor Rushton. “Aunque tiene capacidad para sobrevivir, no suele tener la habilidad de hacer planes que se traduzcan en ganancias a largo plazo si no reciban gratificación inmediata.”
Estos razonamientos ponen en duda la utilidad real de los programas de ayuda humanitaria. También ayudarían a explicar porqué no han fructificado los miles de millones de dólares enviados a África en forma de ayudas durante los últimas cuatro décadas.
Según The Sunday Times Magazine, James Watson, famoso genetista y Premio Nobel de Biología por el descubrimiento del ADN, se mostró "inherentemente pesimista sobre las perspectivas de África, porque todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra, mientras que todas las pruebas indican que no es así".
Es evidente que yo no tengo suficiente nivel de información ni de formación como para afirmar o desmentir las afirmaciones hechas por científicos de la talla del Nobel de Biología James Watson, por el profesor Philippe Rushton, por el profesor emérito Tatu Vanhanen o por William Bradford Shockley, Nobel de Física, entre otros, pero sí creo que después de décadas de planes de desarrollo infructuosos, después de miles de millones de dólares gastados sin resultados significativos y, sobre todo, después de la manifiesta y reiterada incapacidad demostrada por muchos países para auto administrarse con un mínimo de diligencia y eficacia, es legítimo y razonable hacerse la siguiente pregunta.
¿Y si tienen razón?
Por que como declaró Watson al diario The Independent: “El deseo de casi toda la sociedad actual es creer que la capacidad de razonar es una herencia universal de la humanidad. Es posible. Pero simplemente querer que sea así no es suficiente. Eso no es científico. Preguntarse sobre este asunto no es demostrar racismo”.
Yo no tengo la respuesta pero quizás es hora de que nuestra sociedad deje a un lado cómo desea que sea la realidad y sin miedo a las repuestas se pregunte ¿y si tienen razón?...
Para saber más recomiendo leer "Mainstream Science on Intelligence" manifiesto firmado por cincuenta y un profesores universitarios especializados en inteligencia y en campos relacionados, publicado en el Wall Street Journal el 13 de diciembre de 1994.
La historia de la Segunda Guerra Mundial se nos ha contado desde la perspectiva de que en dicha contienda se enfrentaban el mal supremo contra el bien supremo. La consecuencia inmediata durante décadas ha sido que cualquier acción llevada a cabo por los buenos estaba justificada por la finalidad perseguida (la derrota del mal supremo) y cualquier brutalidad sufrida por los derrotados era merecida.
Poco a poco la maquinaria propagandística de las democracias occidentales, con Hollywood a la cabeza, fue permitiendo que el gran público descubriera que el aliado ruso tuvo poco de bueno, y a día de hoy nadie mínimamente informado discute que los crímenes de Stalin no tienen comparación con los cometidos por ninguna otra potencia, no ya durante la Segunda Guerra Mundial, sino a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Pero los crímenes de las democracias occidentales siguen siendo un gran tabú, algo de lo que no se debe hablar, porque las democracias occidentales no cometieron crímenes de guerra ¡los paladines del bien no hacen esas cosas!, y los derrotados no sufrieron atrocidades injustificables porque cualquier cosa que se les hiciera estaba justificada y era merecida.
Pues bien, hoy me gustaría contarte brevemente uno de esos crímenes que nunca se cuentan al gran publico, y que al parecer los directores de Hollywood no han encontrado interesantes, porque hoy me he decidido a escribir sobre los bombardeos estratégicos.
Es posible encontrar multitud de definiciones de “bombardeo estratégico” y la mayor parte de ellas son tremendamente confusas. Y lo son no porque el concepto no esté claro sino porque se intenta evitar el uso de un lenguaje excesivamente crudo. Intentaré dar una definición suficientemente clara.
El bombardeo estratégico es la destrucción total de amplios objetivos civiles por su interés industrial, económico o demográfico, o como mera represalia para intentar minar su moral por medio de ataques aéreos, no intentando evitar en ningún caso los daños colaterales al ser de hecho estos daños uno de los objetivos prioritarios. Un ejemplo claro de bombardeo estratégico sería el hipotético lanzamiento de armamento nuclear sobre una ciudad como Londres.
Inglaterra y Estados Unidos inventaron en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial los bombardeos estratégicos y los usaron ampliamente contra Alemania.
Una incesante lluvia de fuego y destrucción, de proporciones bíblicas, arrasó Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Miles de aviones aliados, británicos y estadounidenses, destruyeron Dresde, Hamburgo, Pforzheim, Dortmund, Darmstadt, Kassel... Decenas de ciudades y edificios históricos desaparecieron. Más de 600.000 civiles murieron y 7.500.000 quedaron sin hogar. El número de heridos y mutilados es incalculable.
Un parlamentario británico, miembro del partido liberal escribió en 1942:"Estoy totalmente a favor del bombardeo de las zonas de las ciudades alemanas donde viven las clases trabajadoras. Soy un discípulo de Cromwell y creo en la idea de "matar en nombre de Dios", porque pienso que la población civil alemana nunca tendrá conciencia de los horrores de la guerra hasta que los haya experimentado en carne propia”. Y así se hizo.
El historiador Jörg Friedrich afirma en Der Brand que “los bombardeos aliados fueron un crimen de guerra y que sólo cabe calificarlos de terror civil". Su tesis se basa en minuciosas investigaciones que, en su opinión, prueban que los bombardeos masivos sobre estas ciudades no tenían objetivos militares. Que el mando aliado, en un momento dado, fue consciente del nulo valor militar de los ataques. Y que, pese a ello, siguió enviando miles de aviones con la panza repleta de fuego y muerte hacia Alemania.
De la misma opinión es el comodoro del aire Leslie Mac Lean. En un libro escrito después de la guerra afirmó que ”El Estado Mayor Aéreo Inglés se alejó de su antigua tradición, hasta el grado de abandonar los últimos restos de humanidad y caballerosidad, a cambio de nada... pues el ataque terrorista aéreo fue un fracaso desde el punto de vista militar, ya que la nación sufrió bombardeos en escala nunca antes imaginada y no se doblegó ante el terrible castigo”.
¿Pero cómo y quién empezó con los bombardeos del terror?
Churchill es nombrado Primer Ministro el 10 de Mayo de 1940, y el día 11 de Mayo, la R.A.F. recibe la orden de volar a gran altura a través del frente de combate en plena ofensiva alemana en Bélgica, Holanda y Francia y de descargar sus bombas sobre ciudades alemanas desprovistas del menor interés estratégico y militar y, por consiguiente, sin protección antiaérea.
Ese día, la ciudad de Freiburg, totalmente alejada de las zonas de operaciones militares y sin una sola industria remotamente relacionada con la guerra, fue bombardeada por la R.A.F. Cincuenta y tres civiles, incluyendo veinticinco niños que jugaban en un jardín público resultaron muertos. Otros ciento cincuenta y un civiles fueron heridos. Mr. Edward Taylor, de la Cruz Roja Norteamericana dio estos datos en el New York Times.
El 30 de octubre de 1940 Churchill declaraba: “Hay que hacer sentir a la población civil de los alrededores de los objetivos todo el peso de la guerra”. A lo largo de 1941 el premier británico subrayó reiteradamente que era necesario que la Unidad de Bombarderos atacara la moral de los alemanes normales y corrientes.
El Secretario del Ministerio del Aire británico, J. M. Spaight certifica que fue Inglaterra la iniciadora del bombardeo de civiles, y se vanagloria de ello: “Empezamos a bombardear las ciudades alemanas antes de que el enemigo procediera de igual forma contra las nuestras. Es, éste, un hecho histórico que debe ser públicamente admitido. Pero como teníamos dudas respecto al efecto psicológico de la desviación propagandística de que habíamos sido nosotros quienes habíamos empezado la ofensiva de bombardeos estratégicos, nos abstuvimos de dar la publicidad que merecía a nuestra gran decisión del 11 de Mayo de 1940. Seguramente esto fue un error. Era una espléndida decisión” (J. M. Spaight: “ Bombing Vindicated “).
Es posible que en este momento estés recordando los bombardeos sobre Londres y pienses que es relativamente irrelevante quién tiró la primera piedra, pero lo cierto es que la famosa campaña de bombardeos sobre Inglaterra está muy lejos de poder ser equiparada con los bombardeos estratégicos aliados: la campaña de bombardeos alemanes denominada Blitz provocó la muerte de cerca de 40.000 civiles en toda Inglaterra pero esta cifra fue igualada por los aliados solo con el ataque sobre Hamburgo.
Entre el 24 y 25 de julio de 1943, 791 aviones de la RAF realizan un bombardeo nocturno indiscriminado contra el centro de la ciudad de Hamburgo. Se arrojaron más de 2.200 toneladas de bombas provocando graves daños en las zonas residenciales. Los incendios se mantuvieron en plena actividad durante veinticuatro horas. Nuevos ataques sucesivos, en el curso de las noches del 27 y 29 de julio y del 2 de agosto, completaron la destrucción de la ciudad. Se calcula que el número de víctimas fue superior a las 42.000.
En definitiva la aviación alemana, aún en el punto álgido de su poder de destrucción, nunca intentó ni planificó nada comparable a los bombardeos estratégicos anglo-americanos.
El bombardeo de Dresde.
Posiblemente la mejor forma de hacerse una idea de la brutalidad gratuita y del odio desplegado en los bombardeos estratégicos aliados sea ver las cifras y consecuencias de uno de ellos. He escogido el bombardeo de Dresde por ser uno de los más emblemáticos.
El día 13 de Febrero de 1945, los aliados deciden realizar un bombardeo a la ciudad alemana de Dresde. Las verdaderas razones para justificar tal operación son difíciles de asimilar. La ciudad de Dresde no tenía ningún valor militar. No había fuerzas destacadas en esa ciudad. No existían industrias bélicas y no constituía ningún obstáculo para el avance de las fuerzas aliadas.
Dresde, una ciudad a orillas del río Elba, era un centro de reunión de refugiados, de heridos y enfermos y donde se encontraban más de 26.000 prisioneros de guerra aliados. Es decir, una ciudad de desvalidos.
A las 22:09 del día 13 de Febrero, las emisoras de radio alemanas reemplazan sus emisiones regulares por el toque del péndulo que se usaba para anunciar un ataque aéreo. Lo que parecía ser un ataque a algún otro centro industrial o militar súbitamente se tornó en la guadaña de la muerte para Dresde.
A las 22:15, con puntualidad inglesa, comienzan a llover las bombas de la primera oleada de 245 bombarderos Lancaster. El único avión derribado lo fue por la explosión de una de las bombas lanzadas por otro bombardero aliado que volaba por encima del desafortunado avión; tal era la concentración de aviones sobre la ciudad.
A las 22:30 termina lo que hubiera sido suficiente para cualquier objetivo militar. Decenas de miles de casas, hospitales, escuelas y estaciones de tren convertidas en centros de refugiados, quedan sin techos, puertas y ventanas, las calles destrozadas e inundadas por la rotura de las tuberías de suministro de agua, postes de teléfonos y de alumbrado público tumbados. Edificios sin fachadas y gritos, llanto, sollozos, gritos de auxilio ahogados en miles de gargantas. De acuerdo a los propios pilotos, el humo y el fuego se veían desde 150 kilómetros de distancia.
A las 00:30, cuando nada lo hacía presagiar, surge la segunda oleada de bombarderos, que toma por sorpresa no solamente a los supervivientes de la ciudad, sino a los bomberos y servicios de auxilio que acudieron desde otras ciudades cercanas. No hubo aviso previo, pues simplemente no había electricidad. Los atacantes, esta vez, no necesitaron los aviones marcadores: la propia ciudad era una hoguera. Más de 550 aviones Lancaster, Liberators y B17, precedidos de los aviones iluminadores con sus bengalas de magnesio lanzadas en paracaídas, que revelaban la aterradora destrucción de la ciudad, señalaron la ruta de los que lanzarían las bombas incendiarias. Nada menos que 650.000 bombas incendiarias para una ciudad superpoblada de civiles. Esta vez, el resplandor de la ciudad en llamas era visible desde más de 300 kilómetros de distancia.
En los dos ataques se lanzaron un total de 1.477,7 toneladas de bombas explosivas, incluyendo 529 bombas de 2 toneladas, más una de 4 toneladas. En cuanto a las incendiarias, fueron 650.000, con un peso de 1.181,6 toneladas. En total se emplearon 1.400 aviones.
Los incendios se desataron por doquier iluminando el cielo de manera dantesca. La película que se guarda en el Imperial War Museum de Londres, muestra durante 10 minutos, cómo el avión con la cámara da vueltas por la ciudad sin recibir ningún tipo de oposición. No hay reflectores ni fuego antiaéreo, menos cazas interceptores. Todo es fuego y destrucción. Cientos de años en arte y cultura fueron reducidos a cenizas. Dresde estaba convertido en un infierno donde se habían quemando cientos de miles de civiles
Al día siguiente, los servicios de emergencia no podían atender a los cientos de miles de heridos. No había ni agua, ni alimentos, ni medicinas suficientes. Pero no todo había terminado, tras los dos ataques sufridos en las últimas catorce horas, a las 12:12 del 14 de Febrero una nueva oleada, esta vez de 1.350 Fortalezas Volantes y Liberators, lanzó otro diluvio de bombas contra la destrozada ciudad. Afortunadamente, las bombas que caían sobre los escombros, no hacían mayor daño, pues no se puede matar a los muertos. Como en Hamburgo, el huracán de fuego y las ráfagas de viento a miles de grados de temperatura, mató a más personas que las propias bombas. Los edificios que quedaban en pie, parecían cascarones que solo encerraban fuego.
Los americanos lanzaron 474,5 toneladas de explosivos de alta potencia y 296,5 toneladas de bombas incendiarias, en paquetes y racimos. Todo el casco histórico quedó reducido a escombros. Entre 25.000 y 35.000 cadáveres poblaban las calles, varios miles de cuerpos tuvieron que ser incinerados sin identificar en la actual plaza del mercado viejo.
Un testimonio de una estudiante de esa misma ciudad, una joven que deambulaba por las calles de Dresde con su hermano gemelo, el 13 de febrero de 1945: “Las llamas lo lamían todo a nuestro alrededor, y de algún modo nos encontramos en la orilla del Elba. Pude ver el fósforo danzando sobre el agua, de modo que para la gente que se arrojaba al río a fin de huir del fuego, no había escapatoria. Había cuerpos por todas partes, y las máscaras de gas que llevaba la gente se habían fundido con sus rostros… Empezamos a buscar un sótano para ocultarnos, pero en todos los sótanos donde mirábamos veíamos a gente que había muerto allí sentada debido a que los incendios habían aspirado el oxígeno y se habían asfixiado”.
Cuando al fin alcanzaron el refugio familiar continúa narrando: “Dentro vi un montón de cenizas que tenían la forma de una persona. ¿Sabes cuando pones madera en un horno, y ésta se quema y se pone al rojo, y conserva su forma mientras se consume por dentro, pero en cuanto la tocas se desintegra? Eso es lo que era: la forma de una persona, pero sin que quedara nada de su cuerpo. Yo no sabía quien era, pero luego vi que llevaba pendientes en las orejas. Yo conocía aquellos pendientes: era mi madre”
Durante mucho tiempo se evitó mostrar imágenes sobre la masacre de Dresde. Sin embargo, en los últimos tiempos han comenzado a darse a conocer distintas obras que hablan sobre el sufrimiento de los habitantes de Dresde, como por ejemplo la publicación en el 2.003 del libro "Brandstätten" del historiador alemán Jörg Friedrich, donde se mostraron escalofriantes fotografías de los bombardeos, no sólo a esa ciudad, sino de cerca de 160 urbes germanas más.
La destrucción de Dresde fue tan brutal e injustificable que el mismo Churchill escribió en un memorándum del 28 de marzo dirigido a los jefes del estado mayor: “La destrucción de Dresde abre un problema serio en relación con la conducta de los bombardeos aliados... Advierto la necesidad de una concentración más precisa de los esfuerzos sobre los objetivos militares, como industrias petrolíferas y las vías de comunicación inmediatamente cercanas a los lugares de combate, más que buscando meros actos de terror o inútiles destrucciones, aunque éstas sean impresionantes”.
Finalmente Winston Churchill no mando dicho memorando...
Los bombardeos estratégicos, también llamados durante la guerra bombardeos de terror, causaron la muerte premeditada e inútil de centenares de miles de civiles inocentes como consecuencia de una política de odio indiscriminado, pero nadie nunca ha sido juzgado por ello.
No me gustaría terminar sin un recuerdo para las víctimas de este tipo de bombardeos en el Pacífico. Por descontado las de Hiroshima y Nagasaki y especialmente para las víctimas del bombardeo de Tokio, el más sangriento de toda la Segunda Guerra Mundial, con más de 100.000 muertos.
Desde aquí un recuerdo a todas las víctimas de los asesinatos masivos de civiles por parte de las fuerzas aéreas aliadas. Descansen todos en paz.
PD: Alguien debería informar a los pilotos angloamericanos, que orgullosamente lucen sus uniformes en aniversarios y conmemoraciones del fin de la guerra, de que el cumplimiento de ordenes no es un eximente en lo que se refiere a crímenes contra la humanidad ni en crímenes de guerra. O al menos no lo fue para los combatientes alemanes.
Son muchas las ocasiones a lo largo de la historia en que la genialidad ha intentado ser ocultada y desterrada al olvido por su incorrección política. En las dictaduras eso se denomina censura y en las democracias occidentales no tiene nombre, porque como todos sabemos es algo que no ocurre ¿Artistas condenados al olvido por su incorrección política? No, decididamente eso en democracia no pasa.
Bien, pues hoy me gustaría contarte una de esas historias que nunca han tenido lugar, porque hoy me gustaría hablarte de Sepp Hilz.
Sepp Hilz nace el 22 de octubre de 1906 en la alta Baviera, en un pueblecito llamado Bad Aibling. Su padre George Hilz era un pintor bastante notable y restaurador de iglesias. Después de terminar sus estudios en la Volksschule, su padre lo envió a una escuela de pintores como aprendiz en Rosenheim donde aprendió a reproducir las obras de grandes pintores alemanes como Durero, Cranach o Altdorfer. Continuó su formación en Munich, epicentro del arte alemán del momento, donde estudio de 1921 a 1927 primero en la escuela de arte durante tres semestres y posteriormente en la reputada academia Heymann. En1928 regresa a su pueblo natal cuyo entorno rural siempre fue una de sus principales fuentes de inspiración y se casa con Erika von Satzenal; al cabo de un año tuvieron a su hijo de nombre Benno.
Hilz parece fascinado por la sencillez de la vida en el campo, un mundo sin tiempo en que todo parece repetirse al ritmo de las estaciones y de las labores agrícolas que las acompañan. Su momento de éxito fue entre 1938 y 1944 en que gozó de de una enorme popularidad y reconocimiento. En 1938 una de sus obras, titulada “Nach Feierabend”, fue adquirida por Hitler por la nada despreciable cantidad de 10.000 marcos. Más adelante adquirió también el cuadro titulado “Wetterhexe”; ese mismo año recibió el prestigioso premio Lenbach.
En 1939, por recomendación del fotógrafo Heinrich Hoffmann, Hitler entrego a Hilz una importante suma de dinero para la construcción de un estudio diseñado por el famoso arquitecto Degano en Gmund. A partir de 1940 sus obras fueron expuestas en la exposición "Künstler en Kriegseinsatz" y en 1943, con tan sólo 36 años, recibe el título de Profesor del Reich concedido por Joseph Goebbels. Y en 1944, la ciudad de Rosenheim le concede el premio Leibl Sperl.
Después de la Segunda Guerra Mundial nunca volvió a gozar de la popularidad y reconocimiento que merecía y buena parte de su obra fue destruida. A pesar de todo, entre los años 1948 y 1949, que fue un período extraordinariamente difícil para los pintores y Hilz se preguntó cómo podía ayudar a estos artistas. Fue él quien impulsó la creación del Círculo de Bellas Artes y se esforzó en la búsqueda de nuevos miembros. Gracias a Hilz, esta asociación fue capaz de conseguir trabajo para los "artistas pobres". El 20 de octubre de 1951 en Munich, muchos amantes del arte se reunieron y trataron de organizar exposiciones de Hilz y otros artistas que también habían sido elogiados durante el periodo nacional socialista incluyendo figuras como el escultor Joseph Thorak. Las protestas no se hicieron esperar y esto dejó a Hilz profundamente amargado.
Este gran pintor del mundo rural murió en 1967, en su pueblo natal Bad Aibling, a los 59 años de edad. Dejó tras de sí una obra admirable y los sinsabores de una condena al olvido.
Artistas como Hilz han sido sustituidos por pintores que al parecer también se muestran muy interesados por el contacto con la naturaleza como:
Chris Ofili que utiliza excrementos de elefante para sus creaciones y fue galardonado con el premio Turner, máximo galardón del arte británico.
O la pintora de origen indio Sheela Gowda que usa excrementos de vaca y tuvimos ¿la fortuna? de ver expuesta su obra en la casa encendida de Madrid.
Cómo olvidar al pintor australiano Tim Patch, más conocido como Pricasso (Prick=Polla) que se ha hecho famoso por pintar con el pene y optó al Premio Archibald, el principal certamen artístico de Australia.
¡¡Y la gente protesta por las exposiciones de Sepp Hilz!! Sólo se me ocurre una palabra que defina lo que esta ocurriendo en el mundo del arte... decadencia.
Sepp Hilz, Bad Aibling 1906- Bad Aibling 1967 injustamente olvidado descanse en paz.
A pesar de ser el creador en 1930 del aún vigente método Schulwerk de enseñanza musical y haber obtenido su correspondiente certificado de desnazificación, el autor de la apocalíptica Carmina Burana, a más de 60 años de la caída del régimen al que fue afín, en mayor o menor medida, sigue siendo blanco de ataques políticos que indefectiblemente acompañan a todas sus representaciones, mientras que críticos artísticos, autodefinidos como "cultos e imparciales", instigan al público "a preguntarse por la paradoja que permite que seres con tan bajo sentido de la ética sean capaces de crear obras bellas".
Aunque el resto de su obra haya caído en el mayor de los olvidos, su universal O Fortuna sigue, a día de hoy, vigente y admirada.
Juzguémosle por ella.
Oh Fortuna, como la luna cambiante, siempre creciendo y decreciendo; detestable vida primero oprimes y luego alivias a tu antojo; pobreza y poder derrites como el hielo.
Destino monstruoso y vacio, tu rueda da vueltas, perverso, vano es el bienestar y siempre se disuelve en nada, sombrío y velado me mortificas a mi también; ahora por el juego traigo mi espalda desnuda para tu villanía.
El Destino está contra mi en la salud y la virtud, empujado y lastrado, siempre esclavizado. A esta hora sin demora toca las cuerdas vibrantes; puesto que el Destino derrota al más fuerte, llorad todos conmigo!
Hoy hemos amanecido con la noticia de la detención de tres islamistas, uno de ellos herido de bala, cuando intentaban terminar con la vida del dibujante danés Kurt Westergaard, autor de las polémicas caricaturas de Mahoma. Las amenazas, persecución y en ocasiones asesinato de periodistas y escritores como Salman Rushdie o Theo Van Gogh son cada vez más frecuentes. Que estos creadores de opinión europeos sean victimas de fuerzas foráneas es extraordinariamente grave y la única medida que hemos sabido articular es la protección policial de los amenazados.
Pero no son sólo personas señaladas las que se encuentran bajo la amenaza del Islam los atentados indiscriminados se han convertido en acontecimientos que ya no sorprenden a la opinión publica, la indignan, la asustan, pero no la sorprenden. Ya nadie dice ¡¡han intentado atentar contra un avión de pasajeros, es increíble!! Porque lo cierto es que el terror islámico ha pasado a formar parte de nuestras vidas.
Cuando he intentado comentar la noticia me he encontrado que ninguno de los principales periódicos digitales daban la opción de hacerlo ¡ninguno! Seré un conspiranoico pero estas coincidencias no me las creo y aunque puedo equivocarme pienso que alguien ¿el Ministerio del Interior? ha desplegado los medios suficientes como para que la noticia sea tratada con una asepsia absoluta y sin que los ciudadanos puedan volcar sus opiniones.
Pero esta forma tan peculiar de tratar el terrorismo islámico no es nueva. Hay tres factores que son una constante en la presentación periodística que se da al terrorismo islámico. Por un lado se intenta evitar presentar la noticia de forma que enerve o altere el ánimo del lector (en la medida de lo posible). Si el hecho ha ocurrido fuera de Europa se intenta presentar como un conflicto local que en nada o en poco nos afecta, y por último, si es en Occidente se recalca una y otra vez que son acciones de grupos muy reducidos y fanatizados.
Bien, por una vez hagamos nuestra propia interpretación de los datos olvidando todo cuanto nos han dicho y veamos si llegamos a las mismas conclusiones.
El Yihadismo o rama violenta del Islam cuenta con el apoyo de un 20% de la población musulmana según el estudio “Cómo vencer a los Yihadistas” coordinado por Richard Clarke, uno de los mayores expertos en terrorismo islámico (fue encargado de la oficina antiterrorista de los Estados Unidos durante los atentados del 11 de septiembre): es decir ¡entre 300 y 500 millones de musulmanes apoyan en mayor o menor medida el terrorismo islámico!
Lo siento, pero 300 o 500 millones de personas no creo que, en honor a la verdad, puedan catalogarse como “grupos muy reducidos y fanatizados”. Lo de fanatizados es indiscutible pero son un auténtico fenómeno de masas y están dispuestos a terminar con Occidente.
En cuanto a que se nos presente el terrorismo islámico en muchas ocasiones como un conflicto local que en nada o poco nos afecta... veamos algunos de los conflictos protagonizados por los Yihadistas:
- Guerra de Afganistán. - Guerra de Somalía. - Segunda guerra Chechena. - Guerra civil Argelia. - Insurgencia en Iraq. - Conflictos en Jammu y Cachemira (India). - Insurgencia islámica en Filipinas. - Conflicto en Xinjiang (china). - Presencia en la guerra de los Balcanes con unidades como la brigada “Al Mujahid”. - Presentes en Occidente con atentados y organizaciones dedicadas al proselitismo y reclutación.
Algunos de los atentados más significativos:
Atentado y fecha
Autoría
Número de muertos
Lugar
País
Atentados del 11 de septiembre de 2001
Al-Qaeda
2973
Nueva Yorky Washington
Estados Unidos
Atentados del 11 de marzo de 2004
Al-Qaeda
191
Madrid
España
Atentados del 7 de julio de 2005
Al-Qaeda
56
Londres
Reino Unido
Doble atentado suicida contra el cuartel de los marines estadounidenses en Beirut
Atentado con bombas en restaurante, 17 de Abril del 2005
Hamás
11
Tel Aviv
Israel
¡¡Y esto es lo que intentan presentarnos como un conflicto local!!
Desde luego la lista no está actualizada, esto seria casi imposible porque raro es el día en que no nos encontramos noticias de este tipo. Repasemos sólo algunas de las noticias de hoy día 2 de enero de 2010:
Seamos sensatos. Si nuestros periódicos cada vez se parecen más a auténticos partes de guerra, no es por hechos aislados perpetrados por pequeños grupos radicales; no son pequeños grupos, son una masa de cientos de millones de personas y no es un conflicto local sino global que nos afecta directamente porque una de las señas de identidad de este conflicto es el odio a Occidente.
Recordemos lo que dijo Al-Zawahiri miembro prominente del grupo al Qaida y ex jefe de la organización Yihad Islámica de Egipto.
Deseo a los militantes de Al-Qaida en el norte de África «que Alá os conceda el favor de pisar pronto con vuestros pies puros sobre el usurpado Al-Andalus» Al-Zawahiri.
¿Por qué se nos oculta a los ciudadanos occidentales que nos encontramos inmersos en una auténtica guerra encubierta y que tenemos nuestras ciudades llenas de quintacolumnistas procedentes de una inmigración masiva? Y lo que es peor, ¿podemos estar perdiéndola?
"Utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia." Omar Bin Bakri en Londres
(1) Submission (Sumisión) es un cortometraje del director holandés Theo van Gogh, realizado a partir del guión de Ayaan Hirsi Ali, entonces diputada de origen somalí del parlamento holandés. La película tiene una duración de 10 minutos y fue estrenada el 29 de agosto de 2004 en la televisión pública holandesa (VPRO).
Tan solo unas semanas después de que la televisión retransmitiese el documental, su director, Theo Van Gogh, fue asesinado en plena calle por un islamista radical quien, en una nota clavada en el pecho del cadáver, dejó también graves amenazas hacia Hirsi Ali, estableciendo claramente la relación entre el documental y el crimen. Este hecho luctuoso otorgó fama internacional al film, que fue exhibido en algunas otras televisiones europeas. Sin embargo, en febrero de 2005 fue suspendida la proyección de Sumisión que estaba prevista para el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, que estaba dedicado precisamente a «películas censuradas». El productor del festival, Gijs van de Wastekalen, declaró lo siguiente al respecto: «¿Significa esto (la retirada del corto) que estoy cediendo ante la presión del terror? Sí. Pero yo no soy un político o un policía antiterrorismo; soy un productor cinematográfico.»