martes, 27 de octubre de 2009

Lo que hace a una Nación: el caso de Japón


Extraído del blog Europainvicta

"Lo que hace a una Nación: el caso de Japón" por Steven Howell

Déjenme ser honesto: los japoneses nos están dejando atrás. Los estadounidenses son malos perdedores y prefieren no admitirlo, pero en casi todos los ámbitos, Japón nos pone en vergüenza. Ya sea en sus bajas tasas de crimen, alfabetización, altos ingresos per capita, proporciones de inversión monetaria, expectativa de vida, o incluso en número anual de patentes per cápita, Japón está bien delante de nosotros y de casi todo el mundo.

Al contrario de los Estados Unidos donde la mayoría de la gente está angustiada sobre el futuro mientras el país cada día cae mas bajo, Japón es optimista. Sólo 45 años después de que los B-29 destruyeron casi todo, y luego de que emergiese de las cenizas como el ave Fénix, hoy Japón esta invirtiendo, construyendo, expandiéndose, mientras se prepara para el futuro. Aunque parezca increíble, unas islas rocosas en el Pacífico podrían convertirse en la fuerza económica y cultural dominante en el mundo ¿Cómo los japoneses han logrado todo esto?.

La gente que visita Japón tiende a pensar que los japoneses son simplemente como nosotros. Ellos se visten como los occidentales, construyen rascacielos, creen en la eficiencia, y escuchan a Beethoven. Muchos de ellos hablan inglés. Virtualmente cada análisis del éxito japonés se concentra en cosas como política fiscal y técnicas administrativas. Pero esto es tan útil como explicar la existencia de los círculos de pobreza en Estados Unidos basándose en los programas de empleos que ofrece el gobierno federal.

No son como nosotros

Yo pase muchos años de mi vida en Japón y los japoneses no son como nosotros. En algunas cosas, ellos son como nosotros fuimos y en otras ellos son lo contrario de lo que nosotros hemos sido alguna vez. Pero la cosa esencial aquí es que Japón es, y siempre será, japonés. Ellos tienen un sentido de la nacionalidad casi del siglo XIX, y una resolución feroz para mantener sus tradiciones nacionales, de la manera que fuese. Al contrario de los americanos o de los europeos occidentales, los japoneses tienen un sentido casi instintivo de lo que ellos mismos son. Esto le da la cohesión necesaria a Japón y ayudara a que se desempeñe bien en el próximo siglo.

Singularidad

Los japoneses tienen una convicción casi conmovedora de su propia singularidad. Ningún pueblo en el mundo gasta tanto tiempo en meditar, glorificar, o hacer apología de su propia singularidad. Hay casi un entero genero de literatura que uno podría llamar "teoría de como son los japoneses", en el cual los autores escriben alegremente sobre cuan diferentes son los japoneses a todo el mundo.

Naturalmente, un sentido desarrollado de singularidad requiere una diferenciación importante entre los japoneses y los no japoneses. Incluso, en el siglo XVII los japoneses decidieron mantener su tierra limpia de extranjeros así que se cerraron al mundo durante dos siglos. A pesar de su forzado reingreso en los asuntos internacionales en 1853 su sentido de separación y autonomía no cambió. La regla para ellos es simple: La única forma para convertirse en japonés es haber nacido japonés (descender de japoneses étnicos).

El mejor ejemplo de todo lo anterior es la manera en que Japón trata a sus residentes coreanos. Muchos coreanos emigraron a Japón entre 1910 y 1945, cuando Corea formaba parte del imperio. Hoy hay miles de coreanos de tercera generación, quienes lucen, actúan y hablan como los japoneses. Ellos tienen residencia legal permanente, pero no son ciudadanos. No pueden votar o tener puestos en el gobierno, y la mayoría de los japoneses no se casa con ellos ni les da empleo. Ha habido algún rechazo entre los liberales hacia esta actitud últimamente en la prensa, pero el sentimiento general es que si a los coreanos no les gusta como son tratados, pues ellos siempre pueden regresar a Corea que es a donde ellos pertenecen.

La palabra "nación" viene de la palabra latina natio, que significa "raza" o "casta", y de nasci, que significa "nacer." Los japoneses se toman este concepto muy en serio. No importa cuan "japonés" pueda ser un coreano de tercera generación, su genealogía y cultura es extranjera. Yo le he preguntado a muchos japoneses ¿Cuántas generaciones son necesarias para que los coreanos se conviertan en japoneses? Entonces ellos me miraban como si yo fuese estúpido y me decían: "Ellos siempre serán coreanos."

Los japoneses también son despectivos con sus compatriotas que han emigrado. Cualquiera que haya dejado Japón para irse a vivir a Brasil o a los Estados Unidos ha renunciado para siempre a su estátus de japonés. Si él o sus descendientes quisieran regresar a Japón, ellos serían muy mal recibidos así como les sucede a los coreanos. Los japoneses que emigran saben esto, y esta es la razón por la cual ellos intentan por todos los medios de integrarse rápidamente a la cultura de su nueva patria.

Los japoneses y la raza

Debido a que la percepción japonesa es tan distante de las personas que son racial y culturalmente distintas a ellos, no es difícil imaginar lo que ellos opinan sobre las personas que son evidentemente diferentes. En 1986, el entonces Primer ministro de Japón, Yasuhiro Nakasome, casualmente dijo a un grupo de periodistas que las grandes cantidades de negros e "hispanos" son una carga muy pesada para la economía estadounidense y hacen que sea menos competitiva. Aunque el comentario provocó un montón de controversia en EE.UU., en Japón al contrario se aceptó como una verdad muy obvia.

En 1990, cuando un ministro del gabinete felicitó a la policía por el esclarecimiento del caso del tráfico sexual en varios vecindarios residenciales, él igualó la llegada de las prostitutas con la llegada de los negros a los vecindarios mayormente blancos en EE.UU. y dijo "ellas bajan la calidad de vida del vecindario, y provocan que los ciudadanos decentes se vayan." Los comentaristas estadounidenses presentes se enojaron mucho. Lo que él dijo es verdad, los blancos se marchan a otros lugares cuando sus vecindarios pasan del 5% de población negra, pero se suponía que los ministros japoneses no estaban al tanto de esto.

Su mala opinión sobre los negros no es nada nuevo. Una de las consecuencias de la ocupación de posguerra en Japón fue la cosecha de niños mestizos que dejaron los americanos antes de regresar a casa. Los niños medio blancos fueron tolerados a regañadientes, mientras que los que eran medio negros fueron enviados a Brasil, junto con sus madres.

Lingüísticamente, cultural- mente y racialmente, Japón es una de las naciones más homogéneas en el mundo. Esto significa que no tienen las docenas de problemas que están preocupando a EE.UU. casi hasta la muerte. Debido a que en Japón solo hay una raza, nadie usa la palabra "racismo." No hay "movimiento de los derechos civiles," no hay lucha por la integración, tampoco hay educación bilingüe, ni acción afirmativa.

No hay tiranía de lo "políticamente correcto." Nadie pide "currículum multiculturales" en las escuelas y nadie quiere reescribir la historia. Cuando una empresa necesita contratar a alguien, no se da importancia al "equilibrio étnico", solo se contrata a la persona mejor preparada para el trabajo. Nadie es enviado a un seminario de reeducación debido a su "insensibilidad."

Japón no tiene Comisión de los Derechos Civiles y tampoco hay Comisión de Oportunidad y Equidad en el Empleo. No hay Acta de Igualdad de Albergue o Acta de Igualdad de Derechos de Voto. Nadie se preocupa por preparar a los distritos para asegurarse de que las minorías sean elegidas a cargos gubernamentales. Japón no tiene ningún grupo étnico ruidoso que intente influir en su política exterior y sus relaciones con los otros países. Los japoneses no tienen ni la más mínima idea de lo que es un "crimen de odio." Entonces hay un montón de cosas de las cuales los japoneses no se tienen que preocupar.

Y pensando en todo lo anterior, uno se pregunta ¿Qué harían la mitad de las personas en los Estados Unidos en vida o en qué pensarían los periodistas al escribir, sino fuese por la manía tan arraigada de intentar crear la igualdad racial?. El tiempo, dinero, esfuerzo y agonía que los estadounidenses despilfarran todos los días para intentar crear una utópica igualdad racial, mientras no aprietan ni una sola tuerca o cuecen ni un solo bollo, los japoneses lo tomarían y le darían un uso productivo.

Los estadounidenses "progresistas" creen que un ambiente multirracial al estilo Benneton alrededor nuestro es algo bueno para nosotros, y trabajan en eso con un frenesí mayor que la compulsión japonesa en dibujar los límites entre ellos y los otros. Claro, la insistencia en los límites es una de las luchas más grandes y obvias que lleva Japón a diario. Aunque se ha entrenado a los estadounidenses para que luchen por lo contrario, la demarcación de limites es una parte natural de cualquier sociedad saludable. Nada en Japón sería lo mismo si los japoneses no dibujaran estas líneas de separación frente a los no japoneses.

La Sociedad japonesa es un ejemplo perfecto de las ventajas de la homogeneidad étnica.

En la primera parte de este articulo, el Sr. Howell describió que el gran sentido de nacionalidad es parte central del carácter nacional japonés. La segunda parte muestra cuan importante ha sido para el éxito de Japón.

Una de las grandes diferencias entre Japón y los Estados Unidos es que a un nivel básico, los japoneses son como los tres mosqueteros: todos para uno y uno para todos. No importa si algunos japoneses están mas arriba que otros, ellos siempre están unidos.

Este sentido de propósito compartido aparece de mil maneras agradables. Una es la ausencia virtual de crimen. Cualquiera puede caminar en cualquier parte y cuando lo desee en Japón. Si un tendero tiene inventario en exceso, él coloca el sobrante en la acera. Ninguna tienda en todo el país tiene sistemas de seguridad que suenen una alarma cuando alguien huye con algún producto.

El costo del crimen, las cárceles y los tramites legales son una carga muy pesada no solo para la economía sino también para el alma estadounidense. En una nación como Japón en dónde las personas se sienten leales a su tribu y no se hacen daño a sí mismos, los costes son muy bajos.

Otro resultado de la homogeneidad y la solidaridad nacional es la relativa ausencia de conflictos sociales. Debido a que todos los japoneses tienen el mismo origen, reciben la misma educación y absorben las mismas tradiciones, ellos tienen las mismas expectativas hacia cada uno de sus compatriotas. Hay de lejos pocas dudas sobre lo que es apropiado y lo que no lo es, de lo mucho que se hace en Estados Unidos.

Una consecuencia es que la mayoría de los japoneses muere sin nunca haber tenido que requerir de los servicios de un abogado. En términos per capita, hay tantos abogados en Japón como en los Estados Unidos, y los japoneses no gastan su dinero en ellos. Cuando los hombres de negocios necesitan hacer un contrato, ellos solamente se sientan y lo escriben. No necesitan que los abogados los ayuden. Si hay algún desacuerdo, tiempo después ellos solamente trabajan en ello y lo solucionan. La gente que nunca ha necesitado "celebrar la diversidad" tiene mas oportunidades de entenderse unas con otras.

Otra señal de cuánto los japoneses tienen en común es la buena gana que tiene la mayoría de los adultos para actuar, cuando ven a un niño portándose mal. Solo en una comunidad de valores comunes, donde no hay dudas de lo que está bien o de lo que está mal, las personas pierden una pequeña parte de su tiempo en reprender al niño de un extraño. Los japoneses que quisieran dejar a sus propios niños en manos de extraños lo podrían hacer cuantas veces lo necesitasen, no hay desconfianza alguna, todos se benefician de los jovenzuelos con buen comportamiento.

Muchas cosas podrían ser imposibles en Japón sin un sentido de propósito común. Últimamente, el país ha estado gastando sumas de dinero muy grandes en enormes proyectos de infraestructura. Las cuatro islas más grandes de Japón han sido unidas con puentes y túneles mucho más largos que los que tiene cualquier otro país en el mundo. A los trayectos de los trenes super rápidos se las hace mantenimiento constantemente, y los rascacielos están creciendo y multiplicándose por todas partes. Con una extensión de tierra 25 veces menor que la de los Estados Unidos y con una densidad de población por Km. 12 veces más alta ¿Dónde Japón encuentra el espacio necesario para todo esto?

Simplemente las personas ceden el espacio necesario. Cuando las personas tienen un punto de vista positivo sobre los intereses de sociedad, están deseosas de irse de la manera más rápida posible y ayudar con la construcción de la infraestructura. Los estadounidenses construían los puentes y excavaban los canales con la colaboración de la sociedad. Ahora, cualquier proyecto y edificación de gran escala pueden ser paralizados fácilmente por pequeños grupos de presión con intereses mezquinos. Irónicamente el único lugar dónde los ingenieros estadounidenses realmente pueden encorvar sus músculos y construir algo sin la interferencia de nadie esta en el espacio exterior, y los recortes del presupuesto pueden acabar pronto con eso.

Uno de los mejores ejemplos de cómo todos los japoneses se unen en un propósito común fue la campaña nacional contra la polución y la contaminación ambiental. En la década de los años 60, había un temor real de que el país ahogara en su propia basura industrial. Japón lidió con el problema, lo tomó en sus manos y limpió el basurero. Fue un fino ejemplo de lo que las personas pueden lograr cuando actúan juntas.

Los japoneses entienden perfectamente que la solidaridad nacional crece cada día con lo que ellos tienen en común. Ellos valoran su homogeneidad, y no quieren que se diluya. Japón no tiene casi inmigrantes extranjeros en su territorio. Virtualmente la única manera para convertirse en un ciudadano japonés es casándose con un japonés, y sin embargo la ciudadanía no es automática. Las autoridades ven muy cuidadosamente los antecedentes y el carácter del extranjero, y en cada oportunidad intentan que él desista de su intención. El proceso toma varios años, y no está completo hasta que el extranjero es, en efecto, adoptado por una familia japonesa y toma un nombre japonés. Normalmente son los suegros los que hacen esto, pero hay otros pequeños recursos si ellos no quieren hacerlo.

Ocasionalmente, Japón es presionado para que permita la entrada de extranjeros en su territorio. En los años 70s, los Estados Unidos prácticamente les forzaron a aceptar un grupo de refugiados vietnamitas. Pero los vietnamitas no pudieron entrar y no les quedó mas opción que emigrar a EE.UU. Los japoneses quedaron totalmente encantados y complacidos con la decisión de los vietnamitas.

En público, en cualquier conferencia o foro internacional, los japoneses apoyan diplomáticamente los clichés esperados sobre el multiculturalismo y las bondades de la apertura de las fronteras, pero ellos internamente no creen en eso. Ellos saben que para que su sociedad funcione a las mil maravillas, requieren de un grado alto de solidaridad nacional que solo puede lograrse a través de la homogeneidad cultural y racial.

Vagos de categoría

La solidaridad japonesa podría provocar la existencia de un Papá Estado al estilo escandinavo, con un gobierno pagando todos los gastos. Pero no lo hace. La familia japonesa, la cual siempre ha demandado lealtad y promete protección a quienes retornan, nunca ha mirado con buenos ojos a los perdedores. Esto significa que en las ciudades japonesas no existen las típicas hordas dependientes del sistema de bienestar social que hoy se adueñan de cada espacio publico en las grandes ciudades estadounidenses.

Japón tiene millas de arcadas subterráneas y calles de tiendas cubiertas. En New York o Chicago, los mendigos urbanos son bastante desaliñados y muy maleducados, y los clientes no se atreverían demasiado a aparecer después de la puesta del sol. En Osaka o Tokio, uno puede caminar días y días sin ver un solo "mendigo," e incluso los pocos vagos japoneses que hay son corteses y educados con el resto de las personas. Después de todo, esta es una nación con una tasa de alfabetización del 100%, y yo he visto a vagos sentados en una esquina, leyendo copias recogidas de la basura del equivalente japonés del Wall Street Journal.

En las plazas públicas de las grandes ciudades estadounidenses, la mitad de la gente en la calle podría confundirse fácilmente con los vagos ya que muchos se visten como ellos. En Japón, virtualmente no hay nadie mal vestido, y si hay alguien vestido con pantalones cortos de verano y con camisetas cortas, se trata probablemente de algún turista estadounidense o europeo. Japón tiene un aire de prosperidad ahora que haría quedar muy mal parada a cualquier ciudad estadounidense de gran tamaño e incluso parecería decadente por comparación.

Mantenimiento japonés a Japón

En un momento cuando el lodo blando de las modas pasa de un país al próximo como si no hubiese ninguna frontera, es una maravilla que Japón se haya mantenido japonés de manera tan resuelta. Es una gran ayuda el estar rodeado de agua, todo lo que entra en Japón antes tiene que cruzar el océano. Incluso con esta ventaja, Japón ha sido notablemente exitoso en violar muchas de las reglas que los estadounidenses han implantado como imperativos morales para el resto de las naciones del planeta (De acuerdo, no todas las naciones siguen las reglas. Mauritania por ejemplo practica la esclavitud pero la mayoría de la gente no la puede encontrar en el mapa, sin embargo todos hemos escuchado alguna vez de Japón).

Junto con su racialismo consciente, la insistencia de Japón en los roles separados para cada sexo provoca los sentimientos más encontrados entre los occidentales. Los hombres y mujeres se desempeñan en esferas diferentes y casi nadie hace alborotos sobre eso. Muchas empresas tienen las oficinas de trabajo separadas para los hombres y mujeres. Es probable que las mujeres dejen de trabajar en cuanto se casen pero sin embargo ¿Por qué se les entrena de esa forma?.

Al mismo tiempo, ser esposa y ama de casa japonesa no es ninguna tarea ociosa o mal vista. La mayoría de los maridos entrega el sobre con su salario entero a sus esposas, y se mantiene en una concesión. Las mujeres deciden donde los niños van a estudiar, donde ir de vacaciones, y que casa comprar. Una de las cosas más importantes, les gusta ver que los niños japoneses hagan bastante tareas en casa para lograr con esto que alcancen los mejores puestos cada competición escolarinternacional (en efecto, los niños japoneses son fuertes rivales en las olimpiadas dematemáticas y física cada año). Las madres japonesas están bastante dispuestas a adiestrar a quienes ellas llaman las "madres de la educación."


Todo este tipo de vida familiar le pone los pelos de punta a las histéricas feministas estadounidenses. Ellas regularmente viajan a Japón, y se quejan fuertemente de cuan oprimidas están sus hermanas japonesas. Las japonesas las escuchan educadamente y siguen "oprimiéndose" a sí mismas. A ellas no les parece molesto vivir en una sociedad en la que los niños no dan problemas, donde la delincuencia juvenil es muy pequeña, donde no hay ilegitimidad, y que tiene una proporción de divorcios menos de la mitad de la de los Estados Unidos.

Los japoneses también tienen un punto de vista tradicional sobre la homosexualidad: no les agrada mucho. Aquí tampoco hay rastros de algún movimiento por los "derechos de los gays," y muchos japoneses creen sinceramente que no hay homosexuales en Japón (los hay pero en realidad son muy pocos). Otra cosa importante es que la proporción de casos de SIDA es muy baja. En el último censo solo se detectaron 400 casos en toda la nación; En los Estados Unidos, quien tiene el doble de población, hubo alrededor de 125.000 casos y un millón de personas infectadas con VIH. En Japón, los extranjeros infectados simplemente son expulsados del país, y los japoneses que tienen la enfermedad son aislados cuidadosamente para que no infecten a otras personas.

Jerarquía

Otra característica japonesa que no está de moda pero que obviamente es buena para la nación, es su firme credo en la jerarquía. Aunque Japón es extremadamente homogéneo, hay poco parloteo sobre la igualdad. Los japoneses aceptan con toda tranquilidad que algunas personas estén en la cima y otras en los puestos bajos. Los ancianos son respetados por los jóvenes, los profesores respetan a sus alumnos, los jefes respetan a sus empleados y los clientes son respetados por todos.

Un visitante en Japón tiene un poco de esto desde el momento en que se hace cliente de un hotel o restaurante. Japón tiene una tradición de servicio que no tiene nada del aire hosco de la actitud "mire, yo lo trato a usted como usted me trata a mí, señor" que es tan común en los Estados Unidos. El trabajo del mozo o del camarero es servirle a usted, y él pone todo su empeño en el trabajo. Nadie tiene problemas en rebajarse un poco para tratar a sus clientes como si fueran príncipes. Es la manera de Japón de hacer un buen trabajo.

Este amor de soldado de caballería sobre el trabajo bien hecho está en todas partes. En las fábricas, en las granjas e incluso en las oficinas gubernamentales, los japoneses hacen su trabajo con una seriedad conmovedora. Incluso el hombre que recoge basura pone todo su corazón en su trabajo así como el presidente de la empresa lo hace. Y debido a que Japón es una meritocracia, sin ninguna de las complicaciones de cualquier sociedad multirracial, el hombre que recoge la basura puede soñar que algún día su hijo podrá convertirse en el presidente de cualquier empresa.

Problemas

Por supuesto, podría ser un error pensar que la homogeneidad cura todas las penas o que Japón no tiene ningún problema. Muchos países, incluyendo el nuestro, tienen problemas que la homogeneidad no puede curar, y Japón tiene sus propios problemas especiales. Mi punto no es que los japoneses han construido una sociedad que los estadounidenses o cualquier otra gente necesariamente encontraría agradable. Es que ellos han construido una sociedad que solo los japoneses encuentran totalmente agradable.

Hay mucho aquí que sólo un japonés puede amar. Los hombres japoneses tienen una actitud hacia el sexo que la mayoría de los estadounidenses dejó cuando finalizó la escuela secundaria. Cuando ellos están ebrios - e incluso cuando no lo están - pueden ser una de las personas más infantiles y auto-indulgentes en la tierra. Tan difícil como pudiera imaginarse, la televisión japonesa es mucho más vulgar que la televisión estadounidense. Una sala llena de mujeres que se ríen disimuladamente y hombres mirados cruelmente puede convertirse fácilmente en un talk show, y especialmente en una tarde desafortunada, uno puede encontrarse a sí mismo viendo un grupo de hombres intentando ver quien puede romper las ropas de una mujer mas rápidamente.

Solo ahora es cuando los japoneses están dejando atrás su viejo complejo de inferioridad de posguerra hacia los caucásicos. Todavía hay una ritualizada y creciente admiración del "modo de vida americano," y los japoneses más viejos aún creen que Estados Unidos es una nación poderosa que puede hacer todo lo que a ellos se les pase por la mente. Los japoneses más jóvenes no comparten mucho de esta vieja manera de pensar. Pero todavía, la estética caucásica es objeto de gran admiración. Con la ayuda de las modelos blancas se vende de todo, desde anillos de diamante a tallarines instantáneos. Los cirujanos plásticos que quitan el pliegue epicántico de los ojos y agrandan las narices se han hecho bastante populares y necesitados por las mujeres japonesas. Algunos de los niños medio blancos que procrearon los marines estadounidenses en Japón han sacado bastante provecho de sus apariencias y se han convertido en modelos y actores.

Uno de los más serios problemas de Japón es uno que una sociedad saludable no tiene: tiene una de las tasas más bajas de nacimientos en el mundo. Cada mujer japonesa tiene un promedio de solo 1.53 niños, lo cual está bajo el nivel de reemplazo de 2.1. Con una tasa de 1.5, cada generación es 25% más pequeña en cantidad que la anterior, y los demógrafos han estado intentando deducir cuántas generaciones pasarán antes que no haya ningún japonés.

Es importante hacer notar que nada de esta baja proporción de nacimientos ni la escasez de obreros, ha provocado que algún socialista empiece a hablar de la necesidad de la inmigración. Sin embargo han habido algunas discusiones sobre la idea de importar cuidadosamente mano de obra desde el Sudeste asiático, pero la mayoría de los japoneses esta en contra de esa idea. También se ha hablado de la posibilidad de subir la edad de retiro de 65 años a 75.

El precio de la nacionalidad

Desde una perspectiva estadounidense, todo lo anterior es una tontería. Sin inmigración, la mano de obra japonesa debería costar mucho, y algunas cosas serían muy caras. Este, sin embargo, es el punto. La nacionalidad y la tranquilidad tienen un precio. Lo que diferencia al japonés del estadounidense es su buena gana para pagarlo.

No hay duda de que hay algunas mujeres japonesas muy talentosas que están frustradas por tener que quedarse en casa con sus niños, en vez salir a la calle y gerenciar una empresa, pero gracias a su sacrificio cada nueva generación de japoneses esta mejor cuidada que cualquier otra en el mundo. No hay duda de que los coreanos están infelices por ser ignorados, pero debido a eso Japón no tiene una política exterior que puede estar en peligro de ser paralizada por la presión de diferentes grupos étnicos internos. No hay duda de que es una desgracia para uno mismo perder su casa para construir un puente, pero la nación entera se beneficiará con el puente. No hay duda de que los malayos de Sumatra harían cualquier trabajo en Japón por poco dinero, pero para que exista la cohesión nacional se requiere que todos los trabajos sean hechos por los japoneses.

Es cierto que hay cierto grado de frustración en Japón. La cohesión tiene sus costos, y algunos japoneses siempre se sentirán fuera de todo. No obstante, este es un pequeño precio que se debe pagar por las bendiciones que los japoneses de hoy, podrán entregar a sus hijos y nietos: unidad, integridad cultural, valores familiares, amor por la nación y un único y distintivo carácter nacional japonés.

Japón es ciertamente "racista," "sexista," "homofóbico" y "nativista" y quizás una de las sociedades más exitosas en la tierra.

Steven Howell es el sobrenombre de un consultor de negocios para varias empresas estadounidenses que hacen negocios en Japón. Él habla bien el japonés y es autor de un libro sobre el carácter nacional japonés.

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