martes, 9 de marzo de 2010

Los libros y la noche


De las creaciones de Vitali ésta es una de mis preferidas. Ha resultado tristemente profética en vista de los últimos acontecimientos relacionados con Pedro Varela. Me gustaría dedicar esta entrada a todos aquellos que en alguna ocasión hemos encontrado aquel libro que buscábamos en la magnífica Librería Europa.


Los libros y la noche


Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.

Jorge Luis Borges


Finalmente un día, los lectores seremos miembros de una secta olvidada.
El infinito mundo mágico de los libros, será invadido por la pulsión final de la imagen arbitraria y fugaz, y se disolverá en el agua insípida de un tiempo oscuro.
Alguien extrañará los libros al principio. Algunos sentirán un vacío justo en el pecho, una estrecha desazón en la garganta, pero nada más que eso. El mundo seguirá girando para las multitudes y para los pocos que manejan a las multitudes.
Seguirán soñando los avaros con su dinero, los ambiciosos con su poder, los lascivos con su descarrilada sexualidad.
Cada uno continuará su juego en un mundo definitivamente oscurecido.
La secta de los lectores parecerá extinguida, pero se fortalecerán sus lazos interiores con el tráfico arriesgado y clandestino de los libros.
Por eso es mejor empezar cuanto antes. Atesorar papeles, imprimir ciertos ejemplares y darles tapas resistentes.
Después de todo el futuro no será tan distinto del pasado. Unos pocos alquimistas buscarán una obra que se niega y que se esconde.
Casi es mejor que nos olviden. Quizá hasta nos dejen tranquilos. Sí, que se olviden de nosotros, los que pasamos por el mundo descifrando lo que a casi nadie le interesa. Realmente merecemos el olvido.

La gente reemplaza rápido las cosas que no le son materialmente necesarias. Y un libro nunca fue una necesidad primaria para mucha gente, sino para unos pocos. Sólo espero que a raíz del desinterés de las masas, y de la comprobada imposibilidad que los libros tienen de detener esta edad oscura, su posesión y lectura se convierta sólo en un delito menor, en una trasgresión que no merezca el castigo ni la atención de las autoridades.

Anticipándonos a la furtiva clandestinidad que nos deparará a los lectores el sentido de la historia, en este lejano país del Sur nos adelantamos a los hechos, convirtiendo en encargados de nuestra biblioteca nacional sucesivamente a varios ciegos. El último de ellos se llamó Jorge Luis Borges. Parece una ironía, pero creo que fue en realidad un acto de profética resistencia surrealista, que esos ciegos nuestros sobrevivieran entre libros a su oscuridad, y siguieran dictando en la noche sus textos, en un total contrasentido con el mundo. Quizá sin darse cuenta, estaban restaurando la vieja secta de los libros y la noche, en la nueva clandestinidad de la palabra, la que ya se ha iniciado, la que no tendrá fin.

Juan Pablo Vitali

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